
Son las 10:30 de la mañana y desde las 9:30, cuando llegué a la oficina, no ha parado de llover. ¿Parará hoy? Parece que no.
Mientras escucho el agua caer, pienso…¿Sobre qué escribo hoy en el blog? ¿Qué tema preparo?
Nuestra coordinadora, Graciela, que me oye pensar en voz alta, me dice: “Antonio, ¿de qué va a ser? De lo que hace un agente inmobiliario cuando llueve.” Y oye… después de este invierno tan bendito en agua —que, por cierto, me recuerda muchísimo a mi niñez— me parece una idea fantástica.
Así que aquí estoy, recordando qué hacía yo como agente inmobiliario un día como el de hoy. Ya te digo que no me quedaría en casa.
Lo primero: llevar a mis hijas al instituto. Volver a casa. Desayunar tranquilo. Y programar la mañana.
Sí, es cierto, lo tengo todo planificado. Las tareas importantes están decididas de antemano. Pero hay algo que me encanta y que considero esencial en nuestro negocio: la prospección directa en calle, provocar conversaciones inmobiliarias. Crear oportunidades. Seguir ayudando a personas a vender su propiedad.
Ahora bien, hoy no es el mejor día para empaparse tocando puertas. No podría hacer ese tipo de prospección. ¿Y entonces? Hay que hacerlo de manera diferente.
Iría a la oficina. Porque la oficina no es solo un lugar físico. Es un entorno que genera oportunidades, energía y movimiento.
Saludaría a todos mis compañeros y compañeras. Para mí, el negocio empieza con las personas que tengo a mi lado: el equipo, los aliados.
Después me sentaría y comenzaría por mi círculo de influencia. Llamadas sinceras. Conversaciones reales. Interesándome por ellos, preguntando cómo están y si necesitan ayuda o tienen alguna consulta relacionada con el mercado inmobiliario.
Luego vendrían las llamadas a propietarios que venden por su cuenta y a todas las personas que tengo en seguimiento.
Cortadito de rigor. Son aproximadamente las 11:30. ¿Y ahora qué toca? Trabajar la base de datos. Es momento de usar el CRM.
Prepararía un correo electrónico de valor para mi base de datos: consejos prácticos, información útil, cero ruido. Y dejaría programados varios más.
13:00. Sigue lloviendo. Ahora le toca a las redes sociales. Preparar contenido para los estados de WhatsApp, Facebook y demás canales. Responder llamadas recibidas. Cerrar visitas. Confirmar reuniones.
Y después, a comer. Algo ligero, que estoy a dieta (o eso intento 😅).
Por la tarde ya tendría reuniones y visitas programadas. Y por un día de lluvia no las cancelaría. Porque cuando alguien quiere vender o comprar, la lluvia no es una excusa.
Resumiendo:
No haría menos prospección. La haría de manera diferente. Porque un profesional, en nuestra profesión, no depende del tiempo, sino de su actitud, de su foco y de su disciplina. Y como siempre digo:
“Lo que sucede, conviene.”
Si llueve, bendita lluvia. Es un día perfecto para seguir creciendo y sembrando, que los frutos se recogerán cuando escampe.
Y tú… ¿Dejas que la lluvia frene tu actividad o la utilizas para afinar tu estrategia?
